jueves, 6 de noviembre de 2014

Ases de la aviación

Antes de 1914 nadie imaginaba el horror de los bombardeos sobre las ciudades europeas desde el aire. Al final de la Gran Guerra nadie ponía en entredicho su letal eficacia, la aviación se había convertido en el arma definitiva. Ideados como vehículos de reconocimiento en las alturas con el transcurso de la guerra se transformó en un elemento de combate más. Nacieron los primeros cazas y bombarderos. Y con ellos, los ases del aire.




El Barón Rojo.
Manfred von Richthofen no fue un piloto excepcional pero si lo fue su brillante puntería alcanzando a 80 aviones enemigos, el que más bajas enemigas provocó. Oficial de caballería y aburrido de las emociones terrestres se alistó en la aviación. Tras un comienzo poco prometedor al destrozar su avión en su primer vuelo el 17 de septiembre de 1916 su habilidad con su avión, un Albatros D.II, cobró sus primeras víctimas (un total de 3) tras ver cómo caía el avión que había derribado, un FE2b, aterrizó tratando de salvar a sus ocupantes en vano. Richthofen más tarde comandaría su propias escuadrilla, Jasta 11, donde en su gesto provocador pintaría su Albatros D.III de un rojo rabioso, de ahí su apodo de Barón Rojo. Tras ser derribado y permanecer una temporada reposando volvió a los cielos pero volvió solitario, retraído y escéptico. El 21 de abril de 1918 tras encontrarse con un grupo de aviones enemigos comenzó su última batalla tras ser derribado por el fuego enemigo. Una única bala en el vientre acabó con su vida. Fue enterrado con todos los honores por los enemigos increíblemente emocionados al haber perdido al mayor as del aire de la guerra.
El Barón Rojo


Renè Fonck

El piloto francés fue el segundo con más derribos durante la guerra, un total de 75, aunque afirmó haber derribado a más de 100 aviones alemanes con su SPAD S.XIII. Desde su juventud ligado con la aviación y se alistó a principios de 1915 en la aviación francesa aunque hasta 1918 no comenzó su época dorada derribando ese año 56 aviones. Acabada la guerra optó al premio de Raymond Orteig que consistía en viajar de Nueva York a París pero su avión se derribó anulando toda posibilidad de victoria. Durante la Segunda Guerra Mundial participó como inspector de las fuerzas francesas pero su amistad con Hermann Göring (comandante supremo de la fuerza aérea alemana) manchó de por vida su reputación, vida que terminaría en París a los 59 años
Renè Fonck

J.H.P

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