lunes, 8 de septiembre de 2014

El Gran Duque de Alba



Una  vez hubo un imperio donde no se ponía el sol, un imperio que no entendía ni de razas, ni de culturas, un imperio que a día de hoy, ha sido el más grande que haya existido en la historia de la humanidad: El Imperio Español.

Un imperio formado a través de sangrientas victorias en batallas militares de gran amplitud, con ejércitos comandados por brillantes estrategas al mando de los famosos “Tercios”, uno de esos comandantes, es el Gran Duque de Alba, Don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.

Proveniente de la familia más representativa de la nobleza española, los títulos que acaparaban eran múltiples : lll Duque de Alba, IV Marques de Coria, lll Conde de Salvatierra de Tormes, ll conde de Piedrahita y Vlll Señor de Valdecorneja, con Grandeza de España y condecorado con la máxima distinción : Caballero de la Insigne Orden del Toisón de oro.

Uno de los mejores generales que ha dado la historia, pocos como él pueden decir que entregaron su vida de forma total y entera por su patria, desde los seis años ya acompañó por primera vez a su abuelo Fadrique, del que heredaría el titulo ducal en 1513, en la conquista de Pamplona.
Imagen del Gran Duque de Alba


Nació en Piedrahita, Ávila en 1507, queda huérfano a los tres años, ya desde joven empieza aprender el arte de la espada, pero también el de las letras, siendo educado en el catolicismo y el romanticismo.

Recibió su bautismo de fuego contra los franceses muy joven, en 1524 para liberar Fuenterrabía , allí adolescente todavía, quedó puesto al frente de la villa guipuzcoana, donde conoció a su gran amigo el poeta Garcilaso de la Vega, juntos unieron sus vidas por la corona española y fue legendaria  la amistad entre el soldado y el poeta-soldado, hasta el punto que Garcilaso le dedicó diversas obras literarias al Duque, pero la vida se llevó joven a su gran amigo Garcilaso, quien falleció en el ataque contra una fortaleza en Le Muy, en la Provenza.

El gran Duque era joven y tenía que seguir con su vida al servicio de la corona, ya había acudido a defender Viena contra los Otomanos, aunque no hizo falta intervención alguna, si entró en acción en la batalla de Túnez.

Recibió el honor de ser nombrado Mayordomo de la Casa Real española, por el emperador Carlos V, siendo de gran confianza el duque para este, para más inri fue condecorado con la Orden del Toisón de Oro, máxima condecoración que puede ser entregada por la Casa Real Española.

Sus victorias militares le acompañaron constantemente, en Muhlberg ,al servicio del rey, lucha comandando los Tercios frente a los príncipes alemanes protestantes, siendo conocidas sus arengas a los soldados, a los que llamaba “señores soldados”.

Fue nombrado mayordomo real del príncipe Felipe, al subir éste al trono, se convirtió en persona de su confianza, al igual que fue de su padre, fue uno de los pocos nobles españoles que acudieron acompañarle a la Abadía de Winchester, en su segundo enlace.

Hasta el Papa se las tuvo que ver con el Gran Duque que tras un breve período en España, viaja a Italia donde es nombrado gobernador de Milán y Virrey de Nápoles, allí  lucha contra las tropas papales- francesas y entra en 1557 victorioso en Roma, formándose alrededor de la figura del Gran Duque, una leyenda viva.

Pasaron unos años de paz, pero el enemigo protestante no cesaba en su ardor guerrero y fue enviado a combatirlo, siendo enviado a Flandes, fue nombrado Gobernador de los Países Bajos, allí se despojaban imágenes católicas, se irrumpían en iglesias de forma salvaje y todo tipo de horrores en contra del catolicismo, cosa que el duque no podía permitirlo.

Fue grande el levantamiento protestante en la mayoría de las ciudades, pero de igual forma, fue implacable el duque con los nobles protestantes, a los que pasó por la espada, presenciando él las ejecuciones en persona para dar más pánico, era inflexible en el orden y tremendamente escéptico en el control de las ciudades, destacando el asedio de Haarlem donde se presenció una cruel batalla por ambos bandos y fue asesinada la guarnición de la ciudad, que constaba de unos 2000 hombres, siendo apodado como “El Duque de Hierro”.

 Estos hechos crearon una imagen de terror alrededor de la figura del duque en los Países Bajos, hasta tal punto, que como si se tratase del “coco” o del “hombre del saco”,  es famosa la frase que se le dicen a día de hoy a los niños  “Duerme niño que si no vendrá el Duque Alba y te llevará” poco a poco fueron llegando a la corte las noticias de los horrores de Flandes, por lo que el príncipe decidió relegarlo, volviendo a España en 1573.

Las cosas no irían bien para el duque en los siguientes años, fue desterrado durante un año por permitir a su hijo casarse a espaldas del rey, éste destierro fue corto pues el rey de Portugal había fallecido y se había producido una lucha por su sucesión en los que los intereses del Rey Felipe estaban expuestos.

Ya anciano con 72 años fue nombrado capitán general de los ejércitos para la conquista de Portugal, en estos tiempos era ya una referencia en los campos de batalla, una leyenda viva como había dicho antes, los comandantes arengaban a las masas ante la lucha, manifestando su presencia en ella.


Grabado de la toma de Lisboa por el Gran Duque





Una única batalla fue necesaria, la batalla de Alcántara, para que el duque entrase victorioso en Lisboa, uniendo así bajo la corona Española los países ibéricos, fue nombrado virrey de Portugal y condestable de Portugal en 1580.
Fallece el 11 de diciembre de 1582, entre el rio Tajo y el océano Atlántico, en tierras portuguesas, habiendo dado toda una vida por su patria, murió sabiendo que había luchado hasta su último aliento por sus valores, los más profundos valores que un hombre puede tener en esta vida : Dios, patria y nación.
Su leyenda como divisa: “Deo Patrum Notrorum”  (“Al Dios de nuestros Padres”).


BIBLIOGRAFIA: FUNDACION CASA DE ALBA Y EL LIBRO “EL GRAN DUQUE DE ALBA” HENRY KAMEN.

 

 

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